"No me mueve, Señor, para quererte, el cielo que me tienes prometido; ni me mueve el infierno tan temido, para dejar por eso de ofenderte."
El temor al Señor, como don del Espíritu Santo, consiste en tener, para con Dios, un cuidado muy respetuoso en su servicio, con el profundo deseo de hacer las cosas como Él quiere, y una gran precaución a no hacer algo que le moleste o le ofenda, porque Él se merece todas nuestras atenciones y toda nuestra dedicación en su servicio. Hay quienes dicen que "temor de Dios es un horror a ofenderlo."
A nosotros no nos gusta esa expresión, porque vemos que nuestros hijos nunca han tenido eses horror; pero sí una devoción y una dedicación hacia nosotros por atendernos y darnos gusto. Y nosotros tuvimos esa misma devoción hacia nuestros padres y nuestros abuelos. Y nuestros nietecitos tambien se encantan de estar con nosotros, y atendernos, y acompañarnos, y en ofrecernos regalitos. Y así sucede con millones de personas.
Lo que antes se llamaba: Temor = horror, espanto, ahora se llama cariñosa dedicación hacia el ser amado que es superior a nosotros. Los tiempos cambian, y los significados también.
El hermoso poema arriba citado, es una declaración de fidelidad al servicio amoroso de Dios, en donde solo hay entrega, dedicación y servicio, sin espera de premio o de castigo.
Es cierto, y no lo negamos, que el temor a Dios sí nos puede llegar cuando consideramos que "sí nos portamos mal", nosotros mismos estamos calificándonos como reprobados para ir al Cielo. Y que muchas veces, o algunas, somos capaces de dejar de pecar no por virtud sino por temor de ir al infierno. Es la naturaleza humana, y es algo natural. Muchas veces no nos pasamos un semáforo en rojo porque vemos que ahí esta una patrulla de vialidad.
Todos los papás saben que muchas veces, o algunas, los hijos no se han portado mal porque han tenido presentes las advertencias de los papas; y las posibles consecuencias por sus malos comportamientos cuando ellos se enteran. Con nosotros mismos, sin duda, pasó lo mismo en mas de una ocasión.
En el Antiguo Testamento, en el Salmo 128, se elogia a quienes temen al Señor. (A quienes respetan su autoridad y siguen su camino).
"Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos. Comerá el fruto de su trabajo, será dichoso, le irá bien.
Su mujer, como vid fecunda en medio de su casa; sus hijos como renuevos de olivo, al rededor de su mesa. Esta es la bendicion del hombre que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión, que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida."
El Temor a Dios es un instinto profundo del alma de estar entregada a Dios en todo lo que Él nos pide, porque no queremos separarnos de su amor. Éste es otro bellísimo don. |