En este Universo, existen tres clases de seres pensantes: Dios, los ángeles y nosotros, los hombres.
Dios es la inteligencia pura. La absoluta inteligencia. La inteligencia total. Con ella, Dios organizó la Creación, y realizó los millones de maravillas que nosotros poco a poco hemos ido conociendo.
La segunda clase de los seres pensantes son los ángeles. Los ángeles no raciocinan; intuyen. Dios se comunica con ellos de inteligencia a inteligencia. Y ellos entre sí lo hacen igual. Los ángeles tienen alma y tienen potencias: la memoria, el entendimiento y la voluntad.
Cuando San Miguel Arcángel se peleó con Lucifer, con su pensamiento lo arrojó a los infiernos, apoyado con el poder de Dios. Los ángeles son personas que no tienen cuerpo, y son muy poderosos. Ellos se encargan de servir personalmente a Dios, y de cumplir sus mandatos hacia nosotros. Todos tenemos un ángel que nos cuida, y debemos rezarle todos los días para que nos de su protección.
"El rey Herodes decidió maltratar a algunos miembros de la Iglesia. Hizo matar a espada a Santiago, hermano de Juan, y al ver que esto gustaba a los judíos, mandó detener también a Pedro.
Esos eran los días de la fiesta de los Panes Ázimos. Después de detenerlo, lo metió en la cárcel, poniéndolo bajo la vigilancia de cuatro grupos de cuatro soldados cada uno. Su intención era presentarlo al pueblo después de la Pascua. Y mientras Pedro era vigilado en la cárcel, la Iglesia no cesaba de orar insistentemente por él.
Herodes, pues, iba a hacerlo comparecer, y esa noche, Pedro dormía entre dos soldados, atado con dos cadenas; otros guardias vigilaban ante la puerta de la cárcel.
De repente se presentó el ángel del Señor, y la celda se llenó de luz. El ángel tocó a Pedro, y le dijo: 'Levántate rápido', y las cadenas cayeron de sus manos. Entonces el ángel le ordenó: 'Asegúrate bien el cinturón y colócate las sandalias.' Así lo hizo, y el ángel agregó: 'Ponte tu manto y sígueme.'
Pedro salió tras él. No hubiera podido afirmar que lo que hacía el ángel era realidad; todo eso le parecía un sueño. Pasaron la primera y la segunda guardia, y llegaron a la puerta de hierro que daba a la calle, la cual se les abrió sola. Salieron y anduvieron por una calle, y de repente, el ángel se alejo de él.
Pedro volvió en sí, y dijo: 'Ahora me doy cuenta que el Señor envió realmente a su ángel para librarme de las manos de Herodes y de todo lo que proyectaban los judíos.'
Entonces se orientó y fue a la casa de María, madre de Juan, llamado también Marcos, donde muchos se habían reunido para orar. Golpeó a la puerta de la calle, y una empleada llamada Rode salió a abrirle. Entonces reconoció la voz de Pedro, pero, de pura alegría, no abrió la puerta, sino que entró corriendo a contar que Pedro estaba en la puerta. Ellos contestaron: '¿Estás loca?' Y como ella insistía, pensaban: '¿Será su ángel?'
Pedro, entretanto, seguía llamando. Cuando abrieron, vieron que era él, y quedaron sin palabras. Él les hizo señas con la mano para que guardaran silencio, y les contó cómo el Señor lo había sacado de la cárcel. Y les dijo: 'Cuenten esto a Santiago y a los hermanos.'" (Hechos 12:1-19)
La tercera clase de los seres pensantes somos nosotros, los seres humanos. Estamos colocados en el último renglón de la inteligencia existente. Nosotros somos lentos para pensar. Necesitamos ir creciendo, ir aprendiendo, ir tomando experiencias. Para ello necesitamos la reflexión, el juicio y el raciocinio.
Reflexionar quiere decir volver sobre sí mismo, repensar. Este es un juicio: Uno más uno son dos; dos más dos son cuatro. Este es un raciocinio: Todos los hombres son mortales. Yo soy hombre, luego entonces soy mortal.
Nosotros también tenemos potencias: la memoria, el entendimiento y la voluntad. Estas potencias radican en nuestra alma. Son dones que Dios nos dio a los seres humanos. De estas tres potencias, el mayor don es la capacidad de amar y la libertad por la cual tenemos el dominio de nuestros actos.
El entendimiento es el encargado de proporcionar argumentos a la voluntad para que esta pueda actuar. La voluntad es ciega. Necesita que el entendimiento la ilumine. |