La fortaleza, como don del Espíritu Santo, es la valentía que nos comunica el Señor para ser fieles a Él y servirle en todo momento.
"Como se quedaran ahí (San Pablo y Bernabé) un tiempo para enseñarlos, algunos judíos vinieron de Antioquía a Iconio para rebatir a Bernabé y Pablo. Y persuadieron al pueblo que les diera la espalda, afirmando que todo esto era mentira. Al final, apedrearon a Pablo y lo arrastraron fuera de la ciudad, convencidos de que estaba muerto. Pero cuando sus discípulos se reunieron en torno de él, se levantó y entró a la ciudad. Al día siguiente salió con Bernabé hacia Derbe.
Después de haber evangelizado esta ciudad donde hicieron muchos discípulos, volvieron a Listra, y después a Iconio y Antioquía. Animaban a los discípulos y los invitaban a perseverar en la fe; les decían: 'Es necesario que pasemos por muchas pruebas para entrar en el Reino de Dios.'" (Hechos 14:19-21)
"Los de Filipos, ciudad de Macedonia, tomaron a Pablo y a Silas, y los arrastraron hasta el tribunal. Los presentaron a los magistrados, diciendo: 'Estos hombres alborotan nuestra ciudad. Son judíos y predican costumbres que nosotros no podemos aceptar ni practicar por ser romanos.'
La gente se fue contra ellos. Los inspectores les hicieron arrancar la ropa y mandaron azotarlos.
Después de haberles dado muchos golpes, los echaron a la cárcel y encargaron al carcelero que los vigilara con todo cuidado. Éste, al recibir la orden, los metió en el calabozo interior y los amarró con cadenas por los pies al piso del calabozo." (Hechos 16:19-24)
Estando en Corinto, "...una noche el Señor dijo a Pablo en una vision: 'No tengas miedo, sigue hablando y no calles, pues en esta ciudad me he reservado un pueblo numeroso. Yo estoy contigo y nadie podra danarte.'"
Como se ve, la fortaleza, como don del Espíritu Santo, consiste en que ningun temor o amenaza terrena sea capaz de apartarnos del amor de Dios y del camino que Dios nos traza.
Ademas, la fortaleza, don del Espíritu Santo, nos hace tener un valor extraordinario ante las dificultades de la vida; y sobrenaturalmente, sobre todo ante los obstáculos por alcanzar las metas que el Señor tiene trazadas para hacernos llegar a Él: tentaciones, ambiciones, lujurias, iras, envidias, rencores, egoísmos, deseos insanos de riquezas, avaricias y los miles de demonios en contra nuestra.
Esta virtud de fortaleza, como don del Espíritu Santo, nos hará vencer toda nuestra concupiscencia, nuestros espíritus de violadores de la Ley de Dios, de vengadores, de engañadores, de traidores y ser de falsos testigos.
Estando Pablo en Pisidia, y después de predicar y convertir a mucha gente, "... los judíos entonces incitaron a mujeres distinguidas de entre las que temían a Dios y también a los hombres importantes de la ciudad; organizaron una persecución contra Pablo y Bernabé, y lograron que los echaran de su territorio..." (Hechos 13:50)
"Un grupo compuesto de paganos y judíos, con sus jefes al frente, se preparó para atacar a los Apóstoles y apedrearlos. Ellos, al enterarse, huyeron a las ciudades de Licaonia: Listra, Derbe y sus alrededores. Allí se pusieron a anunciar la Buena Nueva." (Hechos 14:5-7)
Estando en Tesalonica, Pablo y Silas volvieron a tener dificultades: "Envidiosos (del éxito de la predicación de Pablo y Silas), los judíos reunieron a unos cuantos vagos y maleantes, con los que armaron un motín y alborotaron la ciudad..." (Hechos 17:5)
"Pero cuando los judíos de Tesalónica supieron que también en Berea predicaba Pablo la Palabra de Dios, fueron allá para agitar al pueblo y crear disturbios. Inmediatamente los hermanos hicieron salir a Pablo hacia el mar..." (Hechos 17:13-14)
"Como ellos, (los macedonios), lo contradecían y le respondían con insultos, Pablo sacudió el polvo de su vestido y les dijo: 'Ustedes son responsables de lo que suceda. Yo no tengo la culpa si ahora me dirijo a los paganos.'" (Hechos 18:6)
Así es la fortaleza, como don del Espíritu Santo. |