El ser humano no es un ser ya terminado; como diría Carl Rogers, el ser humano "está en proceso de convertirse en persona." Del mismo modo pudiésemos comparar al cristiano: no está terminado, no está concluido. Se encuentra en potencia.
Por eso, en su infinita sabiduría, Jesús compara el Reino de Dios con una semilla de mostaza, misma que se puede convertir en un gran árbol, en donde las aves hacen sus nidos y viven plácidamente.
Esto lo podemos interpretar como el que tú eres esa semilla, que ha sido sembrada por Dios (tu alma). Sin embargo, te toca a ti el cuidar de esa semillita, regarla, protegerla y hacerla crecer, con la gracia de Dios, hasta convertirse en un gran árbol que de frutos de vida eterna.
¿La estás cuidando y haciendo crecer?