"Perseguirá a sus amantes y no los alcanzará, tratará de encontrarlos, pero en vano. Entonces se dirá: 'Voy a levantarme, y volveré donde mi primer marido, pues con él me iba mejor que ahora.'
Por eso, ahora la voy a conquistar, la llevaré al desierto y allí le hablaré a su corazón. Le devolveré sus viñas, convertiré el valle de la Mala Suerte en un lugar de esperanzas. Y allí ella me responderá como cuando era joven, como en los días en que subió de Egipto. Aquel día, dice Yahve, ya no me llamarás más 'Senor mío', sino que me dirás 'Marido mío.'
Sacaré de su lengua los nombres de los baales, para que ya no se acuerde de esos nombres. Ese día haré un pacto con las fieras salvajes, con las aves de rapiña y las serpientes de la tierra, para que no le hagan daño. Romperé el arco y la espada, alejaré de su tierra la guerra, y haré que la gente duerma segura ahí.
Yo te desposaré para siempre. Justicia y rectitud nos unirán, junto con el amor y la ternura, Yo te desposaré con mutua fidelidad, y conocerás quién es Yahve.
En ese día, palabra de Yahve, responderé a los cielos y ellos responderán a la tierra. La tierra responderá al trigo, al vino nuevo y al aceite, y éstos harán honor al nombre de Jezrael. Yo sembraré para Mí en el país, tendré compasión de No Amada y diré a No Mi Pueblo: 'Tú eres mi pueblo'; y él me contestará: 'Tú eres mi Dios.'" (Oseas 2:9-25)
"No sólo de pan vive el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios." (Mateo 4:4)
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