Ante la presencia de tu adorable Majestad vengo a contarte mis penas y a declararte cuanto soy y cuanto valgo.
Soy criatura tuya, creado a tu imagen y semejanza, estoy redimido con tu Sangre y soy el precio de tu Amor. Pero mi naturaleza corrompida por la culpa de Adán, sólo se ha arrastrado por caminos del mal. Si pienso en Ti un momento, mayores pensamientos malos se desvanecen.
Siento el dolor de la vida y suspiro por ser feliz y sin embargo no dejo de ofenderte.
Si me amenazas te hago promesas y si suspendes tu amenaza, no te las cumplo. Si me azotas te clamo que me perdones y si suspendes tu látigo de nuevo te ofendo.
¡Tenme misericordia Señor! porque mi madre me concibió en el pecado y por eso el pecado está siempre delante de mí.
¿Ya olvidaste Señor mi historia? Soy la espiga que el viento menos airado abatió y deshizo, porque desde el claustro materno vengo heredando grandes tristezas del Paraíso.
¡Tenme misericordia Señor! porque si Tú, que me creaste y me redimiste, no te compadeces de mí que soy barro de tierra, perezco. Si he pecado, ha sido no tanto por malicia, sino por flaqueza.
Este es el lugar santo donde mi amor te conoció, por eso vengo aquí a tu divina Presencia a llorar mis pecados y a rogarte que me perdones.
Corre Señor tu velo para que mi fe te adore con profundo rendimiento de la Majestad de ese adorable Sacramento.
Pídeme Señor lo que quieras, pero dame lo que me pides; dame tu Amor y Gracia, que esto sólo me basta. Amén. |